galo santiago coloma romero

“Cualquiera puede…”: pensamientos de un día cualquiera

A veces uno está tranquilo, sin pensar en nada importante, y de repente aparece una frase como si tuviera vida propia. Esta vez fue esa de Ratatouille: “cualquiera puede cocinar”. No es que sea la primera vez que la escucho; al contrario, la he oído tantas veces que ya debería pasar desapercibida. Pero no. Cada vez que vuelve, lo hace con más peso, como si hubiera madurado conmigo y ahora dijera algo distinto.

Antes, uno pensaba que esa frase era motivacional, casi ingenua. Como decir que todos podemos lograr cualquier cosa si nos esforzamos. Pero con el tiempo empieza a sentirse menos como consuelo y más como desafío. Porque “cualquiera puede” no significa “todos lo harán bien”, sino que el talento puede venir de donde menos uno espera. Y eso, en la vida real, se nota cada vez más.

Hoy en día, uno abre el celular y ve a gente haciendo cosas que antes parecían imposibles. Cocineros jóvenes reinventando platos, deportistas rompiendo marcas, músicos creando sonidos nuevos desde sus cuartos. No hace falta ir muy lejos para encontrar ejemplos: basta con mirar plataformas como TikTok o YouTube, donde cada día aparece alguien que te deja pensando: “¿y este de dónde salió?”.

Esa sensación es una mezcla rara. Por un lado, inspira. Te hace creer que el talento no está reservado para unos pocos elegidos. Que en cualquier barrio, en cualquier ciudad —incluso aquí mismo— puede surgir alguien extraordinario. Pero, por otro lado, también mete presión. Porque si cualquiera puede, entonces la vara sube. Y sube rápido.

Antes, hacer algo bien ya era suficiente. Ahora parece que hay que hacerlo excepcionalmente bien para destacar. En la cocina, en el deporte, en la música… en todo. Lo que ayer era admirable hoy es apenas el punto de partida. Y uno no puede evitar preguntarse si eso es sostenible, si no estamos empujando todo hacia un nivel donde lo “normal” ya no tiene espacio.

Sin embargo, hay algo profundamente admirable en todo esto. Ver a alguien hacer fácil lo difícil sigue siendo un espectáculo. Hay una especie de magia en la excelencia, incluso cuando se vuelve común. Uno se sorprende, aunque ya no tanto como antes, pero se sigue sorprendiendo. Y eso dice mucho.

Tal vez ahí está el verdadero sentido de la frase. No es que todos vayamos a ser grandes chefs o artistas, sino que el potencial está distribuido de formas impredecibles. Que el talento no tiene un molde fijo. Y que siempre habrá alguien que rompa las expectativas, que aparezca de la nada y cambie el juego.

Al final, uno vuelve a la calma de donde salió ese pensamiento, pero con una sensación distinta. Como si el mundo fuera un poco más amplio —y también más exigente— de lo que parecía hace unos años. “Cualquiera puede cocinar”, sí. Pero verlo hacerse realidad, una y otra vez, sigue siendo algo que no deja de maravillar.